Rafael Maroto Yserns, general carlista
Rafael Maroto Yserns, conde de Casa Maroto,
vizconde de Elgueta; nació en Lorca (Murcia), el 15 de octubre de 1783,
en el seno de una familia de militares. Ingresó en el ejército como cadete del
Regimiento de Asturias el 1 de abril de 1796. Cuatro años después, ya como segundo
subteniente, participó en la defensa de Ferrol enfrentándose a los ingleses,
obteniendo una distinción por su comportamiento. Ascendió a primer subteniente
el 23 de octubre de 1801, y a teniente el 15 de octubre de 1806. Su primera
experiencia americana, fue al realizar un viaje a La Habana a bordo de la
fragata Medea. Durante la Guerra de la Independencia participó
en numerosas acciones, cayendo por dos veces en poder de los franceses: en el
segundo sitio de Zaragoza y al capitular Valencia; aunque en ambas ocasiones
lograría fugarse, reincorporándose al ejército. En noviembre de 1813 fue nombrado
coronel del regimiento de Talavera, al frente del cual embarcó hacia Perú el 25
de diciembre siguiente, a donde llegó el 24 de abril, desembarcando en El
Callao para apoyar al virrey Abascal. Maroto y sus tropas, puestos a las
órdenes del brigadier Osorio, fueron enviados a Chile el 19 de julio de 1814,
llegando a la base naval de Talcahuano el 13 de agosto.
Junto a los elementos
locales, logró organizar un ejército de unos cinco mil hombres, de los que, los
únicos españoles eran las tropas de Maroto. El 1 de octubre los insurgentes
presentaron batalla en Rancagua, en un intento de evitar la toma de Santiago.
Maroto, mandó atacar a sus tropas las fortificaciones del enemigo sin enviar
avanzadillas. Cuando Osorio envío al virrey Abascal la lista de oficiales que
debían ser ascendidos, Maroto se encontraba en ella, aunque el portador de la
lista llevaba instrucciones para Abascal, en las que Osorio consideraba que
Maroto no debía ser ascendido. Meses más tarde, al enterarse Maroto de esta
circunstancia, cursó a Abascal la reclamación oportuna, y éste, a quien no le
había gustado la poco clara forma de proceder de Osorio, le dio la razón, y el
10 de mayo de 1815 le reconoció el grado de brigadier con antigüedad de 8 de
noviembre de 1814.
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Abrazo de Vergara |
Mientras estuvo en Santiago,
conoció a Antonia Cortés, perteneciente a una rica y noble familia de la
oligarquía local, con la que contrajo matrimonio en marzo de 1815, justo antes
de abandonar Santiago, donde no se encontraba especialmente a gusto. Al frente
de dos compañías, se dirigió a Arica para auxiliar la campaña emprendida por
Pezuela en el Alto Perú; aunque no continuó mucho tiempo, ya que por motivos
que se desconocen Pezuela le mandó formar causa y le envío a Lima. El proceso fue
interrumpido gracias a la mediación de Abascal, que convenció a Pezuela para no
seguir adelante. Tras un tiempo en Lima, regresó a Chile, cuya Capitanía
General ostentaba el mariscal Francisco Marcó del Pont, con quien no tardó en
indisponerse.
A principios de febrero
de 1817, las tropas de San Martín cruzaron los Andes, decidido a acabar con el
dominio español en Chile. Ante la dispersión de las fuerzas realistas Maroto
propuso abandonar la capital y retirarse hacia el Sur, donde mantenerse y
obtener los recursos necesarios. La junta militar convocada por Marcó el 8 de
febrero aprobó el parecer de Maroto, pero a la mañana siguiente el capitán
general cambió de parecer y le ordenó presentar batalla en Chacabuco. Aunque
Maroto y sus tropas lucharon con valor, la batalla se convirtió en una severa
derrota, de la que Maroto, logró escapar, aunque fue ligeramente herido. Tras
una nueva junta militar celebrada en Santiago, Maroto, junto a su mujer, y la
mayor parte de las tropas se dirigieron a Valparaíso, embarcando hacia Perú. Fue
destinado al Cuzco al frente del par de compañías del Talavera que habían
quedado en el Perú, con instrucciones para organizar un nuevo batallón. Aunque
descontento con todo, el 22 de febrero de 1818 se le nombró presidente y
comandante general de la ciudad y provincia de Charcas, en el Alto Perú.
Ocurrida en España la revolución de 1820, Maroto proclamó la Constitución en
Charcas el 23 de octubre de 1820.
Allí nacieron y fueron
bautizados cuatro de sus hijos: Manuel María Rafael, María del Carmen Agustina,
Margarita Antonia y Justa María Mercedes Rufina. Más tarde, nacerían Rafael
Abdón Ignacio, Víctor, Cándida y Faustino, hijo este último de una criada con
la que mantuvo relaciones durante su estancia en Asturias, y al que no
reconoció, pero a quien hubo de pasar pensión debido a la denuncia formulada
por su madre.
El 1 de enero de 1821
se sublevó la guarnición de Potosí, allí marcho Maroto, para derrotar a los
insurgentes y hacerse con el control de la ciudad. Al llegar el general
Olañeta, lugarteniente del virrey, que ejercía su autoridad en todo el Alto
Perú, le ordenó volverse a Charcas, lo que dio lugar a una discusión con
Maroto, que acabó cumpliendo las órdenes. Las desavenencias entre ambos fueron
a más, cuando Santa Cruz invadió el Alto Perú, y Maroto se negó a cumplir las
órdenes de Olañeta, que protestó en su contra al virrey La Serna. Pero éste,
que no confiaba en Olañeta, les promovió a ambos a mariscales de Campo, a pesar
de que, el papel de Olañeta en la campaña había sido limitado, y el de Maroto
nulo. Las desavenencias entre estos culminaron en 1824, cuando Olañeta, que se
había propuesto restablecer el régimen absolutista en Perú, como estaba en
España, marchó contra Maroto, obligándole a abandonar sus posiciones. Pese a
los intentos del virrey, la cuestión degeneró en una guerra civil que debilitó
a las tropas realistas y permitió la pérdida del Perú. Maroto fue puesto por La
Serna, al frente de una de las tres divisiones que al mando del general
Canterac debía hacer frente a la invasión de Sucre. Tras la acción de Junín,
mantuvo fuertes disensiones con Canterac. Nombrado gobernador de Puno, se
produjo la capitulación de Ayacucho, en la que quedó comprendido. En compañía
de La Serna y otros oficiales, Maroto y su familia embarcaron en la fragata
francesa Hernestine, que arribó a Burdeos a mediados de 1825.
Ese mismo año, se le nombró comandante general del Principado de Asturias,
puesto en el que cesó en 1828, destinándosele de cuartel a Pamplona, desde
donde fue trasladado a Madrid. En 1832 ejercía como presidente de la Comisión
Militar Ejecutiva. En 1830, había fallecido su mujer en un naufragio cuando se
dirigía a hacerse cargo de sus propiedades en Chile.
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Vindicación del general Maroto |
El 15 de marzo de 1832,
fue nombrado comandante general de la provincia de Toledo, cargo al que renunció
el 31 de octubre alegando que, habiéndole solicitado el conde de Negri que se sublevase
al frente de sus tropas para apoyar a don Carlos, con cuya causa se
había comprometido, consideró que antes debía romper todos sus vínculos con el Gobierno.
Propuso a don Carlos que se intentase un pronunciamiento durante la enfermedad
de su hermano, a lo que se opuso el infante. En enero de 1833, fue nombrado
para la comandancia general de las Provincias Vascongadas, lo que solo sirvió
para quedar mal con todo el mundo. Su nombre salió en la causa formada al
coronel Campos, y aunque fue puesto en libertad por falta de pruebas,
permaneció varios meses en prisión, de la que salió muy desengañado con la
causa abrazada, ya que no obtuvo ningún auxilio de don Carlos. Confinado a
Sevilla, de donde obtuvo permiso para pasar a Granada, decidió retirarse de la
vida política, al tener noticia de que iba a ser nuevamente encarcelado, por lo
que decidió fugarse y unirse al Pretendiente en Portugal, a principios de 1834.
A pesar de las quejas contra don Carlos, y aunque pensó regresar a Chile,
los amigos le hicieron desistir de aquel plan, siguiéndole a Inglaterra. Trató,
después, de seguirle a España, pero, un primer intento fue abortado por las
autoridades francesas.
Bien recibido por don
Carlos, no consiguió que Zumalacárregui le diese ningún mando,
pero cuan éste fue herido, don Carlos le pidió que se hiciera cargo del
ejército, aunque tras un mando interino de Eraso se encargó del mando el
teniente general González Moreno, quedando Maroto como comandante general de
Vizcaya. Su animadversión hacia Moreno llegó a tales extremos que, en una
reunión celebrada en Zúñiga, sus críticas al general en jefe y al pretendiente
llegaron a su punto culminante. Propuso un plan de operaciones consistente en
centrar los esfuerzos del ejército sobre Bilbao, aunque fue preterido el de
Moreno, consistente en batir al ejército enemigo, que cosechó la derrota de
Mendigorría. El 11 de septiembre de 1835 las tropas de Maroto consiguieron una
victoria sobre Espartero en Arrigorriaga. Al
final, don Carlos optó por cesar a ambos. Maroto no vio con buenos ojos al
nuevo general en jefe, por lo que se le nombró, el 31 de agosto de 1836, comandante
general de Cataluña. Allí, su mando fue breve, y aunque logró mejorar el grado
de instrucción de sus tropas, no consiguió ningún hecho de armas favorable.
Descontento por no recibir los recursos que Erro le había prometido, y viendo
que el intendente del Principado no podía hacer frente a sus peticiones de
armamento y uniformes, decidió abandonar a sus tropas para comunicar
personalmente a don Carlos cuál era el verdadero estado de la guerra en aquella
región. No pudo, sin embargo, regresar a dar cuenta de su mando, pues cuando
trató de hacerlo se le previno que permaneciera en Francia en espera de
órdenes. Tras la pérdida de Peñacerrada, don Carlos, presionado por sus
cortesanos, decidió entregar a Maroto el mando del ejército, del que se hizo
cargo el 28 de junio de 1838, en el que obtuvo un éxito, al mejorar su
instrucción y haciéndole recuperar la confianza en sí mismo. Además, al llegar
importantes cantidades de dinero, las tropas cobraron sus haberes, mirando
agradecidas a su nuevo jefe, el cual, puede que hiciera correr la voz de que el
dinero era suyo, y no del rey. También sustituyó en el mando a los generales
que no eran de su confianza, reponiendo en sus puestos a los oficiales que
habían sido separados de sus puestos.
Pero, su inactividad
hizo que empezaran a correr rumores en su contra y los ministros de don Carlos,
que inicialmente le habían recibido bien, se le opusieron, pidiendo, en
diversas ocasiones, su dimisión, que no fue aceptada por don Carlos.
Finalmente, Maroto se dispuso a acabar con cuantos se le opusieran, y el 18 de
febrero, en Estella, sin formarles causa, hizo fusilar a los generales Sanz,
Guergué y García, al brigadier Carmona, al intendente Uriz y al oficial de la
Secretaría de Guerra Ibáñez. A continuación, dio una proclama bastante
insolente para don Carlos y marchó, al frente de sus tropas, contra el Cuartel
Real. Don Carlos, en un principio, dio un decreto declarándole traidor, pero cedió
para impedir un choque entre sus propios partidarios que habría sido funesto para
su causa. Todos los personajes señalados por Maroto, incluidos los ministros,
fueron desterrados. Todo parecía indicar que, entre el nuevo Ministerio y
Maroto todo debería ir sobre ruedas, pero no fue así. Maroto pedía recursos
inexistentes y al no tenerlos culpaba a los ministros de oponerse a él, por lo
que en pocos meses la situación volvió a hacerse tan tensa como antes.
Antes de los
fusilamientos de Estella, había entrado en negociaciones con Espartero para
poner fin a la guerra, negociaciones en las que quería introducir el casamiento
entre el hijo de don Carlos e Isabel II, a lo que se opuso el
general, que reaccionó ocupando militarmente parte de los territorios carlistas,
sin ninguna reacción por parte de Maroto,
el cual, únicamente optó por presentarse en Vergara el 30 de agosto de 1839
para anunciar a Espartero que sus tropas no le seguirían. Sus subordinados
Urbiztondo y Latorre fueron los encargados de llevar hasta Vergara a sus
batallones. Aunque el ejercito carlista, seguía teniendo poder, las disensiones
eran tan fuertes que don Carlos se vio obligado a abandonar España. Mientras
que, como premio a sus servicios, Maroto, se le reconoció el grado de teniente
general obtenido de don Carlos, y consiguió los títulos nobiliarios de conde
de Casa Maroto y vizconde de Elgueta.
Maroto abandonó España
el 11 de septiembre de 1846 con destino a Chile, donde aún conservaba alguna
hacienda, y donde permaneció hasta su muerte en Valparaíso, el 25 de agosto de 1853.
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Ramón Martín
Que vida tan azarosa la de este hombre!! Excelente post Ramon! 😉 Saludos!! 🙋♂️🙋♀️
ResponderEliminarMuchas gracias.
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