José de Espronceda y Delgado

 


José de Espronceda nació en Almendralejo (Badajoz), el 25 de marzo de 1808. Era hijo de una familia hidalga de fuerte raigambre militar. Desde joven, estudió con Alberto Lista, de quien se convirtió en uno de sus discípulos más aventajados. Pronto se sintió atraído por la literatura y por la política, aficiones ambas que definirían su carrera futura. En 1823, a raíz de la ejecución del general liberal Rafael del Riego, fundó con Patricio de la Escosura, una sociedad secreta cuyos miembros se hacían llamar Los Numantinos. Debido a la represión política posterior al Trienio Liberal de 1820 a 1823 se encerró en un convento de Guadalajara, donde comenzó la redacción de Don Pelayo; un poema épico de corte neoclásico sobre el caudillo astur Don Pelayo, iniciador de la llamada Reconquista. Recobrada la libertad, regresó a Madrid, pero debido a los acontecimientos políticos, tuvo que exiliarse. Se dirigió a Gibraltar, y de allí a Lisboa, de donde fue expulsado, por lo que hubo de refugiarse en Londres, punto de reunión de los liberales españoles, en cuyas reuniones participó. Allí conoció a Teresa Mancha, con quien mantuvo una accidentada relación sentimental.

Al tener noticias de los acontecimientos revolucionarios que se estaban produciendo en julio de 1830 en París, acudió a la capital francesa, donde se incorporó a la frustrada expedición liberal del coronel Chapalangarra que intentó entrar en España. Mientras estuvo en Francia, y, por lo tanto, ausente de Londres, su amante Teresa, contrajo matrimonio con un comerciante, con lo que decidieron fugarse. En 1833, de vuelta a París, regresaron a España, donde él ingresó en la Guardia Real. Pero sus inquietudes políticas le valieron un nuevo destierro, esta vez en Cuéllar, en 1834, y posteriormente en Badajoz. Durante sus breves etapas en Madrid, participó activamente en la vida literaria de la capital y, a pesar de los tan frecuentes encarcelamientos y destierros, pudo escribir sus primeras obras.

El contacto con los poetas románticos europeos, como Lord Byron o Walter Scott, influyó en él en gran manera y orientó su producción poética hacia un romanticismo exaltado, pletórico de ritmo y fantasía. En 1834 publicó Sancho Saldaña, una novela histórica, junto a varias comedias y el drama histórico Blanca de Borbón, editado póstumamente.

El reconocimiento del público le llegó gracias a su producción lírica, publicada en varios diarios y revistas. La aparición en 1836, de su poema titulado El estudiante de Salamanca en el periódico El Español, supuso su primer gran éxito; una nueva aparición del mito literario de don Juan; en esta versión, el héroe, se tiñe de caracteres románticos y se enfrenta a la sociedad y a Dios desde una postura de abierta rebeldía. El que será el segundo de sus grandes poemas, El diablo mundo, constituye una visión épica y moral de la España de su tiempo, que trasciende a epopeya de la humanidad entera. En paralelo a esta actividad literaria, incrementó su actividad política, en especial tras la publicación, en 1836, del opúsculo El ministerio Mendizábal, en el que incluía ideas de Saint-Simon. Por aquellas fechas, la relación con Teresa era ya insostenible y ésta le abandonó, a causa de lo cual, Espronceda se sumió en una fuerte depresión. Posteriormente, mantuvo otras relaciones con Carmen de Osorio y con Bernarda de Beruete.

En septiembre de 1840, se produce una nueva victoria liberal y la posterior regencia de Espartero le permitieron dar el salto a la primera fila de la política española: en primer lugar, fue elegido diputado a Cortes por Almería; y luego fue nombrado secretario de la legación española en La Haya. A su muerte, acontecida súbitamente el 23 de mayo de 1842, era considerado el mejor poeta español del momento, amén de un político de prometedora trayectoria. A causa de lo cual, su entierro, constituyó uno de los actos más multitudinarios de la época, donde se dieron escenas de hondo dolor popular.

Ramón Martín

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