Lope de Vega Carpio
Lope de Vega es uno de los escritores más importantes en cuanto a la literatura española se refiere. Admirado en su época, se le conoció como el Fénix de los Ingenios y Monstruo de la Naturaleza. Era hijo de Félix de Vega Carpio y de Francisca Fernández Flórez, una pareja de cántabros. Lope nació en Madrid el 25 de noviembre de 1562. Era hermano de Francisco, Juliana, Luisa y Juan, aunque según el Archivo de San Sebastián tuvo dos hermanas más: Catalina e Isabel. Parte de su infancia la pasó con su tío don Miguel de Carpio, a la sazón, inquisidor de Sevilla. A los diez años ingresó en el Colegio Imperial de Madrid, donde destacó como un niño prodigio; llegando a escribir su primera comedia: La pastoral de Jacinto. Al cumplir los quince años ingresó en la Universidad de Alcalá de Henares donde cursaría bachillerato. Un año más tarde, al morir su padre, dio muestra de su faceta de bribón y aventurero huyendo de casa junto a su amigo Hernando Muñoz. Tiempo después estudió Matemáticas y Astrología con Juan Bautista Labaña, cosmógrafo mayor de Felipe II, y Artes liberales con Juan de Córdoba. No solo fue un buen estudiante, sino que, nunca abandonó la curiosidad por el saber ya que, hasta el día de su muerte siguió leyendo e investigando diferentes materias.
Fue casi tan precoz con sus amantes como con sus estudios y sus comedias. El primer amor que se le conoce es el de María de Aragón (‘Marfisa’), hija de un panadero flamenco; de la que se enamoró en 1580, convirtiendose en padre, por primera vez, en 1581, al nacer una niña, Manuela, que no llegaría, desgraciadamente, a cumplir los cinco años. En 1582 se alistó en la expedición del marqués de Santa Cruz a la Isla Terceira, en las Azores. De regreso, conoció a su segundo gran amor, Elena Osorio (la ‘Filis’, ‘Zaida’ y ‘Dorotea’ de sus textos), que estaba casada con el actor Cristóbal Calderón y era hija del empresario teatral Jerónimo Velázquez. Mantuvieron una apasionada relación mientras él escribía comedias para el padre. Pero para su disgusto, al enviudar Elena Osorio se lanzó a los brazos de un rico hombre de negocios. Lope, resentido, zanjó su relación con Jerónimo Velázquez y se dedicó a escribir algunos libelos y versos contra ella y su familia. A finales del año 1587, en medio de una representación, le detuvieron y encarcelaron en el Corral de la Cruz, a causa de los escritos realizados contra Elena Osorio, en el tiempo que estuvo en prisión siguió redactando otros nuevos, por lo que fue sentenciado a destierro de la Corte durante cuatro años y del reino de Castilla durante dos. Antes de salir de Madrid, raptó, con su consentimiento, a Isabel de Urbina (Belisa), con la que se casó, por poderes, el 10 de mayo de 1588. Dicen que el poeta estaba en la escondido en la iglesia presenciando el oficio.
Con tan solo 25 años, ya era un autor famoso, probablemente, el mejor poeta dramático de España. Cervantes le elogió en La Galatea, calificándole como uno de los ingenios españoles más notables. Cumplió parte de su destierro en Valencia junto a Isabel de Urbina, y allí nació su hija Antonia. Ansioso de aventura, marchó a Lisboa, embarcando como voluntario en la Armada Invencible. De regreso a Valencia siguió creando comedias, también escribió algunos romances que se difundieron por toda España. En la capital del Turia, conoció e hizo amistad con Francisco Tárrega y con Guillem de Castro participando activamente en la vida literaria valenciana, puente de unión con la comedia italiana.
En 1589 murió su madre un año más tarde, se fue a Toledo para trabajar como secretario de don Francisco de Rivera Barroso. En 1591 entró al servicio del duque de Alba. Lo que parecía un periodo tranquilo de su vida, se transformó en un periodo tormentoso con las muertes de su hija Antonia y de su esposa Isabel de Urbina, al dar a luz a Teodora. En 1595, levantado el destierro, regresó a Madrid, donde un año después murió la niña.
Solo, en la capital, Lope volvió a las andadas: fue procesado por amancebamiento con doña Antonia Trillo de Armenta, una viuda que regentaba una casa de juegos. Ese mismo año conoció a la actriz Micaela de Lujan (Lucinda o Camila Lucinda) y conquistó un poco más de fama con el poema El Isidro y la Dragontea, donde narraba las correrías de Francis Drake. En abril de 1598 se casó en la Iglesia de Santa Cruz de Madrid con Juana de Guardo, hija de un comerciante de carne y pescado. Al parecer, fue este un matrimonio de conveniencia, del que Lope se beneficiaría de una sabrosa dote, aunque nunca llegó. Corrieron chismes de todo tipo de aquella boda, y Quevedo, con su conocido descaro dijo: “Casó con carne y pescado”.
Felipe II, en 1598, estando al borde de la muerte, decretó el cierre de los teatros por razones de moralidad. Lope buscó sustento como secretario primero del marqués de Malpica y luego del de Sarriá. Un año después, al levantarse la prohibición sobre los teatros, estrenó Bodas entre el Alma y el Amor Divino. Entre 1599 y 1608 vivió con Micaela de Lujan en Sevilla, Granada, Toledo y Madrid, mientras pasaba otras temporadas con su mujer Juana de Guardo. La primera estaba casada con Diego Díaz, el cual estaba en Perú, donde murió; de los nueve hijos que la comedianta tuvo, cuatro eran de Lope: Juan, Félix, Marcela y Lope Félix; mientras con Juana de Guardo nació su hija Jacinta.
En 1602 vieron la luz: La hermosura de Angélica, El caballero de Illescas, El peregrino en su patria y El arenal de Sevilla. En 1604, en Sevilla, nació de Micaela de Lujan, su hijo Félix y, en Toledo, nació muerta de Juana de Guardo, su hija Juana. A comienzos de 1605 apareció la primera parte de Don Quijote, en cuyo prólogo Cervantes incluía unos versos contra Lope, en respuesta a un ataque anterior del poeta. En ese año terminó Jerusalén conquistada y Peribáñez y el comendador de Ocaña, y celebró el nacimiento de Carlos Félix, hijo tenido con Juana de Guardo , uno de sus vástagos más queridos; dos años después nació Lope Félix, de su relación con Micaela de Lujan. Fue una época cargada de acontecimientos. En 1607, con 45 años, entró a trabajar, como secretario, al servicio de don Luis Fernández de Córdoba (Lucilo), sexto duque de Sessa, descendiente del Gran Capitán. Lope se convirtió en amigo suyo y, a todos los efectos, en su protegido. Fue entonces cuando alquiló una casa en la calle de Júcar, de Madrid, para vivir allí con Micaela de Lujan, mientras su mujer permanecía en Toledo. En 1609, se publicaron: La Segunda parte de las comedias y El Arte nuevo de hacer comedias; en esta última se vanagloriaba de haber escrito 483 obras. En enero, ingresó en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento y en septiembre compró la casa de la calle de Francos (hoy calle Cervantes), donde vivió hasta su muerte. Unos días después, ingresó en la Orden Tercera de San Francisco, con motivo de lo cual escribió sus Cuatro soliloquios. Es de esta época Pastores de Belén, dedicado a su hijo Carlos Félix, que murió unos meses después, en junio de 1612, dejándole muy afectado. La pena no pudo con su ritmo creador, y en 1613 terminó La dama boba, creada para la actriz Jerónima de Burgos, amiga y amante; escribió también El perro del hortelano. Juana de Guardo murió ese mismo año al dar a luz a su hija Feliciana.
Tras medio siglo de ardientes amores, algunas aventuras temerarias y cientos de comedias y romances, siguió una vida un poco menos inquieta, aunque no totalmente sosegada, aunque, eso sí, artísticamente más notable. En 1614 se ordenó sacerdote y el 29 de mayo ofició su primera misa, en la Iglesia de San Hermenegildo en Madrid. También apareció la Cuarta parte de las comedias, que dedicó al duque de Sessa, padrino en el bautizo de su hija Feliciana. Acosado por una mujer huyó de Madrid. Fueron unos meses de viajes y de muchos textos, tantos que de nuevo Cervantes, a pesar de la enemistad existente entre ellos, alabó el talento y lo fecundo de la pluma del poeta. Por entonces, volvió a enamorarse, esta vez de Marta de Nevares (Marcia Leonarda o Amarilis), aunque siguió manteniendo relaciones con la actriz Lucía Salcedo(la Loca). De vuelta de Valencia, a donde había ido a buscar a la comedianta, regresó con un hijo, fruto probablemente de un escarceo en la época del destierro.
En 1616 inició su relación con Marta de Nevares, la cual estaba casada con un comerciante. Fue el último gran amor de su vida. En medio de la pasión, vivió otra clase de exaltación, la de la indignación y la ira. Al aparecer la Spongia, un libelo contra él y sus amigos. Enojado, contestó con dos agresivas sátiras. En esos días nació, de Marta de Nevares, Antonia Clara (Clarilis), lo que animó a Marta, para iniciar pleitos con su marido para conseguir la anulación del matrimonio. A pesar de todo, fue este un tiempo pletórico para Lope, rodeado por el éxito, ya que, por entonces, ya habían aparecido las siguientes doce partes de las comedias. El marido de su enamorada había muerto dejándoles, por tanto, el campo libre. Escribió El verdadero amante. Continuó la racha, y en 1620 aparecieron Lo fingido verdadero y El caballero de Olmedo, además de las siguientes partes de las comedias. Escribió La Filomena, incluyendo dos novelas: Las fortunas de Diana y La Andrómeda; junto a dos obras dedicadas a San Isidro por encargo del Ayuntamiento de Madrid: El mejor alcalde, el rey, y El vencido, vencedor.
Marta de Nevares, que ya vivía con Lope, quedó ciega, lo cual supuso un duro golpe para el poeta; aunque no todo fueron desdichas, pues su hija Marcela le concedió una alegría al anunciarle su ingreso, en 1623, en las Trinitarias Descalzas. Por esos días, Lope presidió la cofradía de familiares y comisarios del Santo Oficio, y escribió su Romancero espiritual. Fuera de la temática religiosa, apareció La Circe, que contenía tres novelas cortas: El desdichado por la honra, La prudente venganza y Guzmán el Bravo y la parte veinte de las comedias, última en publicarse en vida de su autor. También en 1627, su Corona trágica, Vida y muerte de la Serenísima Reina de Escocia María Estuardo.
En 1628 fue nombrado capellán mayor de la Congregación del Caballero de Gracia, mientras Lope vivió, enfermo, la ceguera total de Marta de Nevares, que comenzó a padecer ataques de locura. Afligido, sufrió el fracaso de dos de sus comedias, lo que le empujó a anunciar al duque de Sessa su intención de abandonar el teatro. Nada de ello pudo, sin embargo, con su vanidad y en la Égloga a Claudio que escribió por entonces declaró un número increíble de comedias.
“Mil y quinientas fábulas admira,
que la mayor el número parece,
verdad que desmerece,
por parecer mentira,
pues más de ciento en horas veinticuatro
pasaron de las Musas al teatro”.
No se sabe con certeza si fueron tantas, lo que sí se pudo conocer es su rapidez para escribir, ya que, justo entonces, en 1631, vio la representación de su obra La noche de San Juan, escrita en tan solo tres días. También terminó poco después El castigo sin venganza. En 1632 murió en la casa de la hoy calle Cervantes Marta de Nevares, el último gran amor en la vida de Lope de Vega.
“No quedó sin llorar pájaro en nido,
pez en el agua ni en el monte fiera,
... y es la locura de mi amor tan fuerte,
que pienso que lloró también la muerte”.
Y es entonces, en ese año de 1632, cuando apareció la que muchos consideran su obra maestra, La Dorotea; en ella cuenta sus amores juveniles con Elena Osorio estableciendo el vínculo con la última pasión de su vida. Dos años más tarde escribió la que es, seguramente, su comedia final, Las bizarrías de Belisa.
“Senado ilustre: El poeta,
que ya las musas dejaba,
con deseo de serviros
volvió otra vez a llamarlas
para que no le olvidéis,
y aquí la comedia acaba”.
Estando torturado por la ausencia de Marta de Nevares, aún recibió otras malas noticias: la muerte de su hijo Lope Félix en Venezuela y la huida de su querida hija Antonia Clara, quien abandonó a su padre y su casa seducida por don Cristóbal Tenorio. Poco a poco pudo recuperarse y siguió escribiendo. Aparecieron sus Rimas humanas y divinas, donde se incluye La Gatomaquia; último libro impreso en vida del poeta, aunque éste entregó a imprenta, antes de morir, las partes XXI y XXII de las comedias.
El 24 de agosto de 1635 Lope se levantó temprano, dijo misa, cuidó de su jardín como hacía cada día y se encerró en su estudio a trabajar. Por la tarde, salió de casa para asistir a unas conclusiones de Medicina y Filosofía, y durante la ceremonia sufrió un desmayo. Un médico amigo le atendió y se ocupó de que le llevaran a su casa, donde se le practicó una sangría. Al día siguiente, en que todavía pudo escribir un poema y un soneto, recibió la visita del médico de cámara de Su Majestad, quien recomendó que le dieran el Santísimo Sacramento. El domingo, 26 de agosto, hizo testamento, en el que nombraba heredera a su hija Feliciana, se despidió de sus amigos y recibió la extremaunción. Y al día siguiente, a las cinco y cuarto de la tarde, murió.
Las honras fúnebres, que duraron nueve días, fueron las exequias más notables de aquellos días. Por petición de sor Marcela, el cortejo pasó frente al Convento de las Trinitarias Descalzas, para depositar finalmente sus restos en la Iglesia de San Sebastián, en la calle de Atocha. Unos años después, los restos pasarían a una fosa común, debido a la falta de pago por parte del duque de Sessa.
Años después de su muerte, se siguieron publicando sus textos. El más destacado apareció en 1637, La Vega del Parnaso, donde se recogen los dos últimos poemas que escribió el Fénix de los Ingenios, Monstruo de la Naturaleza.
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Ramón Martín









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