Julián Besteiro Fernández
Nació en Madrid, en el número 16 de la calle Costanilla de Santiago el 21 de septiembre de 1870; en el seno de una familia trabajadora, en la que el padre, de origen gallero, era comerciante de ultramarinos. Comenzó sus estudios en la Institución Libre de Enseñanza, para cursar Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid entre los años 1887 y 1890, donde tuvo como docentes a profesores de la talla de don Nicolás Salmerón —el que fuera presidente de la Primera República Española— y Luis Simarro. De allí pasó a ampliar estudios, durante el curso 1895-1896, en la Universidad de La Sorbona en París. De regreso a España participó en las oposiciones a Cátedra de Instituto en Psicología Lógica y Filosofía Moral y tras ganar una plaza fue destinado, en marzo de 1897, a Orense., de donde se trasladó a Toledo, donde ejerció entre los años 1899 y 1908 . En 1909 la Junta de Ampliación de Estudios le concedió una beca, por lo que marchó a Alemania para proseguir sus estudios de filosofía en las Universidades de Munich, Berlín y Leipzig. A finales de 1911, regresó a España, y el año 1912 obtuvo la Cátedra en la Universidad de Madrid.
El político Julián Besteiro
En 1903, Nicolás Salmerón y Alejandro Lerroux habían fundado la Unión Republicana, siendo esta la primera formación en que militó Besteiro, siendo elegido ese año 1903 como concejal del consistorio toledano. En 1908 se produce una crisis en el seno de Unión Republicana, y Lerroux funda el Partido Republicano Radical, en el que ingresó Besteiro. En 1909, Julián, durante el viaje que realizó a Alemania, visitó las universidades de Berlín, Munich y Leipzig, y fue allí donde tomó contacto con las tesis marxistas. De vuelta a España, en 1911, fue detenido ingresando en la Cárcel Modelo, a causa de una conferencia dada en la Casa del Pueblo de Madrid, en la que ser declaró contrario a la guerra de África, allí conocería a Saborit y a Anguiano. En 1912 ingresaría en el PSOE, en concreto en la Agrupación Socialista Madrileña, y ese mismo año ganó la cátedra de Lógica de la Universidad Central. En 1913 contrajo matrimonio con la profesora de Ciencias Físicas Dolores Cebrián Fernández de Villegas, la cual impartía clases en la Escuela normal de Maestros de Toledo; ese mismo año se convirtió en concejal del Ayuntamiento de Madrid, por el distrito de Chamberí, cargo para el que sería, de nuevo, elegido en los años 1917 y 1931. Fue vocal y vicesecretario de la Unión General de Trabajadores (UGT), antes de llegar a la vicepresidencia.
El 8 de junio de 1916 lideró el comité de la UGT que realizó una visita al conde de Romanones, por entonces presidente del Consejo de Ministros, para hacerle llegar las demandas de los obreros, entre las que se incluía el fin de la guerra de Marruecos; la negativa por parte del ejecutivo, fue el preludio de la huelga de diciembre. El 17 de julio de ese mismo año, en Zaragoza, firmó junto con Largo Caballero y Vicente Barrio el acuerdo de colaboración con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), representada por Salvador Seguí y Ángel Pestaña, que facilitó la huelga general del 18 de diciembre. El 9 de agosto de 1917, la UGT convocó una huelga general revolucionaria; pero al no obtener los resultados esperados, Besteiro, junto a los demás integrantes del comité de huelga, fue juzgado por un tribunal militar y sentenciado el 4 de octubre junto a Daniel Anguiano, Francisco Largo Caballero y Andrés Saborit a cadena perpetua, siendo trasladados al penal de Cartagena, donde no permanecieron mucho tiempo, puesto que, en las elecciones de febrero de 1918 fueron elegidos diputados, siendo liberados.
Fue diputado por Madrid en todas las elecciones que se celebraron desde 1918 a 1936. Siendo Presidente del Congreso en la legislatura de las Cortes Constituyentes 1931-1933.
Al instaurarse la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, Besteiro, como gran parte del sindicato y del partido, adoptó una postura de colaboración con el nuevo régimen, argumentando que: la implantación de un sistema democrático era responsabilidad de la burguesía, tratándose de algo en lo que no le correspondía involucrarse, activamente, a la clase trabajadora; por lo que, hasta que la burguesía cumpliese su misión histórica, la UGT debía aprovechar todas las oportunidades que le brindase el régimen dictatorial para mejorar la posición de la clase trabajadora organizada en torno al sindicato socialista. Esta postura de colaboración con la dictadura, fue combatida dentro del PSOE por Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos, mientras que Largo Caballero compartió con Besteiro, esa voluntad de aceptar la línea de colaboración que les tendía la dictadura.
Fue, desde 1914, miembro de las comisiones ejecutivas del PSOE y de la UGT, y en 1925, sucedió a Pablo Iglesias al frente del PSOE. En los últimos tiempos de la dictadura, su posición tuvo un cariz pasivo; en agosto de 1929, durante una reunión de la UGT, la ruptura del ala obrera de Largo Caballero con la vía colaboracionista con el régimen y la oposición de Besteiro, que mantuvo su postura, provocó una nueva fractura en el partido; que volvería a reproducirse al rechazar Besteiro la colaboración socialista con los republicanos en el denominado Pacto de San Sebastián. En 1930 bloqueó la celebración de la huelga general prevista para el 15 de diciembre, y al triunfar tesis contrarias a las suyas, en la reunión del 22 de febrero de 1931, dimitió de sus cargos tanto del PSOE como de la UGT secundado por Andrés Saborit, Trifón Gómez y Lucio Martínez. No obstante, formaría parte, en representación del PSOE, de la candidatura por Madrid de la Conjunción Republicano-Socialista para las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, donde obtuvieron un triunfo abrumador frente a los monárquicos, siendo uno de los treinta concejales que resultaron elegidos, en este caso por el distrito de La Latina.
Julián Besteiro y la Segunda República
En 1931, instaurada la Segunda República española, Besteiro fue elegido, casi por unanimidad, presidente de las Cortes republicanas constituidas el 14 de julio; cargo en el que se mantuvo hasta el 9 de octubre de 1933. Llegó a afirmar que, los socialistas no debían colaborar con fuerzas republicanas a la hora de conformar gobiernos burgueses para, poder conservar la independencia y autonomía del partido. A pesar de lo cual, experimentó, en este período, una republicanización de su perfil, con unos planteamientos que podía haber suscrito cualquier republicano burgués. En 1933 replicó a Amaro del Rosal que: «hacer un movimiento para implantar el Socialismo mediante la dictadura del proletariado, lo consideraba un absurdo imposible en las circunstancias actuales, y el anuncio de estos propósitos, que no se realizarán y si se intentan realizar resultarán un fracaso enorme, no servirá más que para estimular a la reacción». Besteiro experimentó una deriva hacia posiciones más conservadoras, viendo obligado a dimitir de la presidencia de la UGT, en enero de 1934; presidencia que había recuperado en el congreso de la UGT de octubre de 1932, manteniéndose al margen de la faceta revolucionaria del PSOE, que condujo a la Revolución de octubre, a la que se opondría; llegando a afirmar que el peligro fascista estaba mejor representando por Largo Caballero y sus seguidores que por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), advirtiendo que España no era Rusia; la insurrección requeriría más violencia y devendría en un fracaso. El 28 de abril de 1935 ingresó como miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas con un discurso titulado Marxismo y Antimarxismo, que fue interpretado como un episodio más del conflicto con la línea de Largo Caballero.
Para las elecciones de febrero de 1936, el PSOE se integró en el Frente Popular, aportando siete candidatos por Madrid. Como en anteriores procesos electorales, durante la República, la Agrupación Socialista Madrileña eligió a sus candidatos mediante votación entre sus miembros; votaciones que, dieron muestra del predominio de la facción caballerista, que barrió a la candidatura encabezada por Besteiro. Largo Caballero fue el candidato más votado, siendo Besteiro el octavo candidato, de los ocho presentados. Al no obtener, en primera vuelta, los votos necesarios para ser elegido candidato, tuvo que acudir a una segunda, en la que sí fue elegido. Su menguante apoyo dentro de las filas socialistas contrastó con los resultados de las elecciones, en las que fue elegido, siendo el segundo candidato, tras Manuel Azaña, más votado y el primero socialista. Fueron los candidatos de Frente Popular más moderados los que mejores resultados obtuvieron y los más radicales, los que menos, Largo Caballero fue el segundo candidato con menos votos; solo el comunista José Díaz obtuvo peores resultados.
Tras producirse el golpe de Estado sedicioso volvió al Ayuntamiento de Madrid como presidente del llamado Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento, se opuso frontalmente al conflicto, caracterizándose por su anticomunismo y por apostar por una paz negociada. Pronto dio por perdida la guerra, y a pesar de las presiones de personas próximas rehusó repetidamente abandonar la capital. A principios de 1937 rehusó trasladarse a Buenos Aires como embajador a pesar de que ya se encontraba enfermo. Durante años había controlado una tuberculosis latente; pero el trabajo, la mala alimentación y la falta de calefacción hicieron que la enfermedad se activara; rechazando, siempre, recibir un trato especial.
En mayo de 1937 Manuel Azaña, presidente de la República, le designó como representante del Gobierno republicano en la coronación de Jorge VI de Inglaterra con la misión de forzar una intervención internacional que propiciara la paz; para ello, se entrevistó con Anthony Eden, gestiones que no obtuvieron resultados concretos. También se entrevistó con Léon Blum, primer ministro francés. Desde entonces, fue creciendo una animadversión hacia Juan Negrín, el nuevo jefe de gobierno tras la salida de Largo Caballero, que no quiso escuchar su informe acerca de los encuentros, al negar conocer la existencia de estas negociaciones.
A partir de 1938, en vista del giro negativo que estaba tomando la contienda, se mostró propicio a aceptar las responsabilidades políticas que llevaran al fin de la guerra, llegando a mantener algunas reuniones con miembros de la Falange clandestina y con quintacolumnistas, quienes habían tratado de convencerlo para que asumiera la jefatura del gobierno a fin de allanar el camino a unas negociaciones de paz. Viajó a Barcelona invitado por el presidente Azaña para asistir a una reunión que pudiera configurar un nuevo gobierno capaz de lograr la paz, cita que fue infructuosa. Durante esa visita, un recrudecimiento de su enfermedad le obligó a guardar cama durante unos días. Pesimista respecto a la causa republicana —opinaba, que de ganar la guerra, la República se habría convertido en un Estado comunista—, llegó a pensar que una dictadura liderada por Franco sería similar a la de Primo de Rivera y permitiría la colaboración socialista.
Besteiro, convencido defensor de la buena voluntad de Franco, se sumó a la iniciativa del coronel Segismundo Casado y formó parte del Consejo Nacional de Defensa, rechazando el cargo de presidente por creer que debía ocuparlo un militar, siendo nombrado consejero de Exteriores. El 5 de marzo de 1939, se produjo el golpe de Estado contra la República representada por el doctor Juan Negrín como presidente. La conspiración perseguía conseguir un armisticio que nunca ocurrió. El 27 de marzo de 1939 se celebró la última reunión del Consejo Nacional de Defensa, y al día siguiente, todos sus miembros, a excepción de Besteiro partieron en avión hacia Valencia. Besteiro propuso al anarquista Melchor Rodríguez García como alcalde de Madrid, cargo que este aceptó, siendo el encargado de rendir la ciudad a los sublevados, ese mismo día. Julián Besteiro, sufriendo una nueva crisis de su enfermedad, fue detenido el 29 de marzo de 1939, cuando se encontraba en los sótanos de la sede del Ministerio de Hacienda, donde vivía desde el 5 de marzo, y enviado a la cárcel de Porlier.
Juicio, condena, prisión y fallecimiento de Julián Besteiro
Ese mismo día, 29 de marzo de 1939, dio comienzo el proceso contra él, instruido por el juez militar Carlos de Sabater; el 12 de junio fue trasladado a la prisión del Cisne (situada en la calle o paseo del Cisne, 2 —actualmente Paseo de Eduardo Dato, en Chamberí—, ocupaba el Colegio de las Damas Negras; en la actualidad, Colegio Blanca de Castilla), a petición de su abogado. El 8 de julio se inició el consejo de guerra bajo la acusación de «delito de adhesión a la rebelión militar». El fiscal, Felipe Acedo Colunga, que había sido alumno suyo, lo describió como «un hombre honesto e inocente de cualquier delito de sangre», «persona honrada» y «simpático a la multitud y a nosotros mismos desde el punto de vista personal», a pesar de lo cual, solicitó la pena de muerte por el crimen de haber promovido un socialismo aceptable mediante la moderación, y por haber sido nefasto en la política española. El abogado defensor fue el tradicionalista Ignacio Arenillas, que aceptó el cargo una vez que Besteiro le convenció de que nunca había pertenecido a la masonería. Arenillas, además de hacer hincapié en las virtudes personales de su defendido, negó que existiera causa para juzgarle y añadió que no se le estaba enjuiciando por sus actos, sino por sus ideas. El juicio oral duró casi cinco horas, y al final del proceso, Besteiro hizo uso de su derecho al último turno de palabra para reafirmar sus convicciones políticas, recordar lo antiguo de su militancia y su participación en la huelga general de 1917. Estas palabras iban contra la estrategia seguida por su letrado y perjudicaban su defensa. El tribunal, presidido por el general Manuel Nieves Coso, le condenó a cadena perpetua por un delito de «rebelión militar», pena que fue conmutada por una pena de 30 años de prisión, siendo incluido en el sistema de revisiones e indultos.
Besteiro fue trasladado al monasterio trapense de San Isidro de Dueñas, situado en la provincia de Palencia. El edificio estaba ocupado por sus propietarios y tenía anexa una explotación agrícola. Había sido reconvertido, parcialmente, en prisión destinada a un grupo de sacerdotes vascos y al propio Besteiro, que fue alojado en una celda monacal, pudiendo pasear por el campo. En las cartas que envió a su esposa —donde nunca manifestó rencor ni arrepentimiento— explicaba que era bien tratado. Al poco tiempo los monjes alegaron que no podían atender su estancia, y las autoridades decidieron su traslado. El 30 de agosto de 1939, llegó a la cárcel de Carmona (Sevilla). Las gestiones realizadas para lograr su liberación fueron inútiles. Sus allegados intentaron que se aplicara una norma que permitía la excarcelación de presos de setenta años o próximos a esa edad; decisión que debería ser tomada por el ministro del Ejército, el general Varela. Este, junto a otros generales firmaron una petición dirigida a Franco, pero el dictador no quiso liberar al anciano y enfermo profesor. Los sacerdotes vascos que le habían acompañado a Carmona, fueron liberados a lo largo de 1940. Esto complicó la situación de Besteiro, ya que supuso el empeoramiento de su alimentación, viéndose obligado a realizar labores en las que antes participaban los clérigos. El 19 de septiembre le comunicaron a su mujer que padecía una enterocolitis, algo ya padecido en el pasado; pero los síntomas y el tratamiento eran diferentes, algo que preocupó a Dolores Cebrián. Su solicitud de que fuera trasladado a un hospital fue rechazada por el médico del penal, que también rechazó, indignado, la posibilidad de que fuera reconocido por otros tres médicos de la localidad. Por fin, Dolores, consiguió a través de amistades que acudiera un especialista del oído que poco pudo hacer para salvar la vida del recluso. Tiempo después, este médico afirmaría que Besteiro había fallecido de una septicemia que el galeno de la prisión no había sabido diagnosticar ni tratar.
Falleció el 27 de septiembre de 1940, en unas condiciones —en lo referente al presidio— deficientes. Jaume Claret Miranda describió al presidio como un campo de concentración, mientras que, Antonio Jiménez-Landi, sostiene que, ni la personalidad ni las condiciones físicas del reo conmovieron al alcaide de Carmona, que no permitió ninguna consideración hacia el político socialista. En lo referente a la causa de la muerte, las fuentes consultadas no se ponen de acuerdo: unas la atribuyen a una infección adquirida en las letrinas, y otras a la tuberculosis. Su muerte pasó desapercibida para los españoles debido al absoluto silencio de la prensa. Sí tuvieron conocimiento los exiliados.
Serrano Súñer admitió, posteriormente, en sus memorias publicadas en 1977 que su condena y muerte en prisión constituyeron un "acto torpe".
Si estáis interesados, lo podéis adquirir en Amazon, en estas dos opciones:
Versión Kindle, con posibilidad de hacerlo en otros formatos
Ramón Martín








Comentarios
Publicar un comentario