Giorgi Dimitrov Mijáilov




 

Giorgi Dimitrov nació el 18 de junio de 1882 en una familia obrera en Kovachevtsi, provincia de Pernik (Bulgaria). Ya desde joven, mostró una inclinación hacia las ideologías de izquierda, ciertamente influenciado por las difíciles condiciones sociales y económicas que vivía la clase trabajadora en su país. A lo largo de toda su vida, siempre estuvo fuertemente comprometido con la lucha por los derechos de los obreros y las clases más desfavorecidas. Su activismo político comenzó de manera temprana, cuando se unió al Partido Socialdemócrata de Trabajadores Búlgaros, que fue fundado en 1891. Este partido que, inicialmente, estuvo orientado hacia la lucha por defender los derechos laborales y la justicia social, con el tiempo evolucionaría hasta convertirse, el año 1919, en el Partido Comunista Búlgaro, a medida que las corrientes socialistas se expandían por Europa. Esto marcó el comienzo de una nueva era para Dimitrov y para el movimiento comunista en Bulgaria. En este contexto, Dimitrov se afianzó como uno de los principales líderes comunistas del país y comenzó a ganar notoriedad en los círculos internacionales por su postura ideológica firme y su habilidad para organizar y movilizar a las masas.Uno de los momentos más cruciales en la vida de Dimitrov tuvo lugar en 1923, cuando fue arrestado tras la fallida intentona revolucionaria que tuvo lugar en Bulgaria. Tras este incidente, el gobierno lo perseguiría continuamente, obligándolo a exiliarse en Rusia. Este exilio marcaría el inicio de una serie de eventos que le llevarían a convertirse en una figura clave dentro del movimiento comunista internacional. Podemos asegurar que su estancia en Rusia fue determinante, pues comenzó a estrechar lazos con los líderes soviéticos, incluyendo a Joseph Stalin, adoptando la nacionalidad rusa en 1934. Tras lo cual, se trasladó a Alemania, donde se consolidó dentro del círculo de poder comunista europeo. Arrestado el 9 de marzo de 1933, fue acusado de haber participado en el incendio del Reichstag, acto al que los nazis dieron una gran repercusión, utilizándolo para consolidar su poder. A pesar de todo, Dimitrov fue absuelto en un juicio internacional, lo que aumentó su reputación y le permitió continuar su trabajo en la lucha contra el fascismo.

    En 1935, fue nombrado secretario general del Komintern (Internacional Comunista), un organismo internacional que coordinaba los partidos comunistas en todo el mundo. Durante su mandato, Dimitrov se dedicó a fortalecer los lazos entre las distintas facciones comunistas y a expandir la influencia del comunismo en Europa. Su labor al frente del Komintern tuvo un impacto duradero, especialmente en los países de Europa Central y Oriental, donde sus esfuerzos fueron fundamentales para consolidar el movimiento comunista.

    Participó activamente en la Guerra Civil Española, formando parte del bando republicano, donde colaboró, activamente, en la creación de las Brigadas Internacionales, una de las cuales (la XV) puso el nombre de Dimitrov a uno de sus batallones.

    En 1946, regresó a Bulgaria después del exilio, convirtiéndose en líder del Partido Comunista Búlgaro. Tras fundarse la República Popular de Bulgaria en 1946, sucedió a Kimon Georgiev como primer ministro, aun manteniendo su ciudadanía rusa. Dimitrov comenzó las negociaciones con Josip Broz Tito sobre el funcionamiento de la Federación de Eslavos del Sur, que estaba en marcha desde noviembre de 1944 entre los líderes comunistas búlgaros y yugoslavos. La idea se basó en que Yugoslavia y Bulgaria eran las dos únicas patrias de los eslavos del sur, separadas del resto del mundo eslavo. La idea, finalmente, se plasmó en el Acuerdo de Bled de 1947, firmado por Dimitrov y Tito; acuerdo que pedía abandonar las barreras fronterizas, organizar una futura unión aduanera y el perdón de Yugoslavia de las reparaciones de guerra búlgaras. El plan preliminar incluía la incorporación de la región de Blagóevgrad a la República Popular de Macedonia y el regreso de las Tierras Lejanas Occidentales de Serbia a Bulgaria. Bulgaria incorporó maestros yugoslavos que comenzaron a enseñar el idioma macedonio recién codificado en las escuelas de Pirin y emitiendo una orden por la que los búlgaros de la región de Blagóevgrad deberían reclamar una identidad macedonia.




Pronto surgieron diferencias entre ambos líderes sobre el futuro del país conjunto, como sobre la cuestión de Macedonia. Dimitrov imaginó un estado en el que Yugoslavia y Bulgaria estarían en igualdad, estando Macedonia más o menos unida a Bulgaria; mientras que Tito veía a Bulgaria como una séptima república en una Yugoslavia ampliada y gobernada desde Belgrado. Sus diferencias también se extendieron al carácter nacional de los macedonios; mientras que Dimitrov los consideraba una rama de los búlgaros, Tito los consideraba una nación independiente que no tenía nada que ver con los búlgaros. En enero de 1948, los planes de Tito de anexionar Bulgaria y Albania se convirtieron en un obstáculo para la política del Kominform y los demás países del Bloque del Este.

    Tras la ruptura, Stalin invitó a Tito y Dimitrov a Moscú. Dimitrov aceptó la invitación, pero Tito se negó y envió en su lugar a Edvard Kardelj. La disputa resultante entre Stalin y Tito en 1948 le dio al gobierno búlgaro la oportunidad esperada de denunciar la política yugoslava en Macedonia como expansionista y de revisar su política sobre Macedonia. Se abandonaron las ideas de una Federación Balcánica y una Macedonia Unida, se expulsó a los maestros macedonios y se interrumpió la enseñanza del macedonio en toda la provincia. En el 5º Congreso del Partido de los Trabajadores de Bulgaria, Dimitrov acusó a Tito de "nacionalismo" y hostilidad hacia los comunistas. A pesar de lo cual, Yugoslavia no revirtió su posición de renunciar a las reparaciones de guerra de Bulgaria, tal como se definía en el acuerdo de Bled de 1947.





Tras una larga enfermedad, es enviado a un hospital de Moscú, donde fallece el 2 de julio de 1949. En su honor se construyó un mausoleo en Sofía, donde permaneció con todos los honores hasta la caída de la República Popular de Bulgaria en 1990.


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Ramón Martín

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