Guillermo de Croy, señor de Chièvres



"Doblón de oro,

te guarde Dios

que el señor de Chièvres

no topó con vos"

Con estos versos, los castellanos querían expresar el afán recaudatorio y su animadversión hacia este consejero de Carlos I.



Nace Guillermo de Croy, nuestro personaje de hoy, en 1458 no conociéndose la fecha ni el lugar exacto. Es el segundo hijo de Philippe de Croy, señor de Aarschot, y Jacoba de Luxemburgo. Su linaje por nacimiento era uno de los más antiguos de los Países Bajos, recibiendo de su padre los títulos de señor de Beamont y de Chièvres.
    En un principio luchó en las guerras italianas al servicio de los reyes franceses Carlos VIII y Luis XII. Pero pronto cambia de bando y aparece en la corte de Felipe el Hermoso, donde se desenvuelve con astucia entre las luchas de las camarillas que pugnan por obtener favores, tanto es así que, en 1491 fue nombrado caballero de la Orden del Toisón de Oro, elevándole a la cúpula del poder.
    En 1509 el emperador Maximiliano I dispuso que Guillermo sustituyera al príncipe de Chimay, en el puesto de gentilhombre de cámara de su nieto Carlos. Guillermo de Croy, con la intención de ganarse su confianza y tenerle controlado, decide instalarse en los aposentos del príncipe y dormir junto a su lecho con la excusa de velar su sueño. Este contacto estableció un vinculo directo con total dependencia, de tal manera que su protegido acudía siempre a él para pedirle consejo. El afán de poder le hace preparar un golpe de estado para quitar de en medio a la regente Margarita de Austria, pero Maximiliano I, descubierta la trama, decidió apoyar a su hija, la regente tomó de nuevo el control de la situación, preparando el camino para que su sobrino pudiera ceñirse la corona de los reinos de la Península Ibérica.

La mayoría de las cortes europeas ven con preocupación la ascensión al trono de España de Carlos, pero una posible guerra con Francia no solo no preocupó a Guillermo de Croy, sino que supo maniobrar y el 3 de agosto de 1516 se firmó en la ciudad borgoñona de Noyon un tratado de amistad y colaboración entre España y Francia.
    En un principio el Cardenal Cisneros, regente, había despertado simpatía en Flandes, pero cuando empezó a enviar memoriales detallados con informes sobre sus propósitos e iniciativas, Guillermo de Croy no tardó en considerar al cardenal de ochenta años como un obstáculo. Ante el tenía un hombre íntegro que no estaba dispuesto a doblegarse ante sus deseos.
    Carlos I decidido a viajar hasta la Península Ibérica para tomar posesión efectiva de sus reinos, embarca el 7 septiembre de 1517, llegando doce días después al pequeño puerto de Tazones, en el concejo asturiano de Villaviciosa. Una vez en Santander, el rey alargaba su viaje, de esta forma, Guillermo de Croy quería evitar que Carlos pudiera verse con Cisneros, este a pesar de estar enfermo confiaba en hablar con Carlos.





Iniciado el viaje, Carlos, por iniciativa de Guillermo, decidió hacer una parada en Tordesillas para visitar a su madre el martes 4 de noviembre de 1517. El encuentro entre madre e hijo, estuvo rodeado de emoción, pero el verdadero motivo era obtener el consentimiento de la reina de Castilla, Juana I, del reconocimiento de su hijo como nuevo monarca, dando así legitimidad a la toma de poder por parte de Carlos I.
    Hizo su entrada Carlos I en Valladolid el 18 de noviembre de 1517. Después de varios días de festejos, se convocaron Cortes en la ciudad. En medio de un clima de tensión se reunieron el 2 de febrero de 1518 en el convento de San Pablo, no contaba el rey con las simpatías de una mayoría de los convocados, ya que le veían como un extranjero usurpador rodeado de una camarilla de borgoñones advenedizos entre los que destacaba el señor de Chièvres. Además el rey no hablaba español y había manifestado públicamente la incomodidad que le había causado desplazarse hasta España. El nombramiento de consejeros flamencos para ocupar los principales puestos de la Administración castellana y el desvío de rentas a los Países Bajos fueron las gotas que colmaron la paciencia de los representantes, estos como contrapartida a la entrega de los impuestos pidieron a Carlos I:

- La destitución de los extranjeros de los cargos que ocupaban
- Hacer acto de contrición con gestos de desagravio a su pueblo
- Garantizar un buen trato a su madre recluida
- Permanecer en España y que aprendiese a hablar castellano.

Como era de esperar Guillermo de Croy se opuso a las medidas. Ante esta negativa y en medio de una gran tensión, los castellanos advirtieron que el rey no sería reconocido si no juraba comprometerse a entregar los más altos puestos de la Administración del Reino a los castellanos. Atrapado ante esta condición, al monarca no le quedó más remedio que jurar los fueros y libertades de Castilla el 5 de febrero. Dos días más tarde las Cortes reconocieron a Carlos I como rey y le concedieron un crédito de seiscientos mil ducados.
    Mal aconsejado por Guillermo de Croy, el rey se olvidó pronto de sus promesas. Los castellanos veían cómo sus fueros eran vulnerados y sus peticiones ignoradas. El monarca debía partir al Imperio si quería asegurarse la mayoría de votos para sustituir al frente del Sacro Imperio a su fallecido abuelo Maximiliano I. De nuevo la nobleza castellana se sintió agraviada y se reprodujeron las protestas. El concejo de Toledo, el 7 de noviembre de 1519, dirigió una carta a otras ciudades buscando su apoyo para presionar juntas ante el rey pidiéndole cumpliese lo que se había comprometido y que no abandonase España.
    Cuando el séquito del monarca llegó a Valladolid se encontró con una ciudad a punto de alzarse en armas. Convocó entonces una reunión de las Cortes en Santiago de Compostela para el 20 de marzo de 1520. El 31 de marzo se iniciaron las sesiones, los procuradores no se doblegaron y los debates estuvieron dominados por fuertes discusiones, ante esta situación, ordenó, el 4 de abril, el traslado de las Cortes a La Coruña, donde estaba preparada la flota de barcos que le aguardaba para escoltarlo hasta Flandes. Finalmente, en la sesión del 20 de mayo se otorgaron los cuantiosos fondos que habían sido solicitados para financiar el proyecto imperial del rey.
    En su ausencia lo más lógico hubiera sido encomendar el gobierno del reino a un castellano, pero en un último gesto de prepotencia arbitraria, Guillermo de Croy volvió a imponer su criterio en el nombramiento como regente del cardenal Adriano de Utrecht.
    Guillermo siguió con sus intrigas, evitando la comparecencia del rey a los focos de protesta. De esta forma lo que un principio fueron manifestaciones de descontento se convirtió en una rebelión armada. Fue la conocida como Guerra de las Comunidades de Castilla o Rebelión Comunera.
    Carlos I regresó a España en 1522, reconociendo en privado su responsabilidad en la crisis, descargó gran parte de la culpa en Guillermo de Croy. Para prevenir futuros problemas emprendió un amplio programa de reformas, comprometiéndose a convocar Cortes cada tres años para escuchar sus peticiones. Las opiniones de los consejeros borgoñones fueron perdiendo peso, quedando relegadas a un segundo plano. Un último intento emprendido por Guillermo de Croy para que prevaleciera el espíritu del Tratado de Noyon, reanudando conversaciones con los franceses en Montpelier, no obtuvo ningún resultado. Fue el principio del fin del señor de Chièvres.




Estando en la ciudad renana de Worms, Guillermo de Croy enfermó de gripe. Su estado de salud se fue debilitando en los meses siguientes hasta que, finalmente, se produjo su fallecimiento el 28 de mayo de 1521.

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