Irene Falcón (Irene Lewy Rodríguez)
Nació en el madrileño barrio de Chamberí el 27 de noviembre de 1907, con el nombre de Carlota Berta Irene Lewy Rodríguez. Era hija de Siegried Lewy Herzberg, un comerciante polaco de religión judía y clase media, y de la vallisoletana María del Carmen Rodríguez Núñez. Sus estudios de bachiller los realizó en un instituto alemán de la capital, donde aprendió cuatro idiomas. Ingresó después, como bibliotecaria en el laboratorio de Ramón y Cajal, quien quiso que estudiase Medicina para integrarla en su equipo. Inquieta por conocer, asistía desde los quince años a las tertulias del Ateneo. Su padre falleció cuando ella era una niña y su madre, para sacar adelante a las tres hijas que tenía, decidió alquilar habitaciones a particulares. Uno de ellos fue el escritor peruano César Falcón, quien había llegado a Madrid en 1922 huyendo de la dictadura que asolaba su país. Irene tenía quince años y César, treinta, lo que no impidió que desde el primer momento Irene se sintiese atraída por el nuevo inquilino.
En 1924 el diario El Sol nombró a Falcón corresponsal en Londres, e Irene lo dejó todo para seguir los pasos de su amado. En Londres, Falcón, fascinado con la viveza de aquella joven, leía las cuartillas de crónicas sociales, que ella llenaba sin cesar. Al darse cuenta de la calidad de aquellos textos, le dijo que eran muy buenas y que las enviara a los periódicos madrileños. En 1927, con sólo veinte años, Irene Falcón —que había tomado el apellido de su compañero—, se convertía en la primera mujer corresponsal en el extranjero de La Voz de Madrid, un célebre periódico español dirigido por Fabián Vidal. Londres impresionó a Irene por las luchas obreras y las campañas de las sufragistas. Sus artículos, publicados en primera plana del periódico, hablaban de la pobreza, de la difícil conciliación entre la vida laboral y familiar, de la maternidad desatendida, de la «liberación» de la mujer londinense. Años más tarde escribiría también para la revista Estampa, periódico que junto a los textos incluía una abundante cantidad de material gráfico.
En 1931 regresa a España y asiste, jubilosa, a la proclamación de la II República. Continúa colaborando con diversos periódicos de la capital, en medio de una efervescencia cultural nunca antes vista. Fue durante esos años republicanos desarrolló una ferviente actividad, que se vio plasmada cuando fundó la revista Nosotros, la editorial Historia Nueva, la organización feminista Mujeres Antifascistas, el partido Izquierda Revolucionaria y Antiimperialista, y el Teatro Proletario, llamado así porque su público era, mayoritariamente, de clase obrera, aunque también lo eran los actores. Con el Teatro Proletario, recorrió toda España hasta que en 1934 fue prohibido por el Gobierno de derechas.
En 1932 se afilió al Partido Comunista donde conoció a la que sería su mejor amiga: Dolores Ibárruri, La Pasionaria, con quien lo compartiría todo hasta que la muerte las separó. Enviada en 1934 a Moscú como corresponsal de Mundo Obrero, regresó a España tres años después para colaborar con su partido y con Dolores en la defensa de la República. Al terminar la guerra, junto a La Pasionaria, se exilió en Moscú, donde tuvo ocasión de comprobar la crueldad estalinista: su nuevo compañero, el checo Gesminder, fue fusilado en 1952 acusado de espiar para Gran Bretaña. De regreso a España, junto a Dolores, una vez recuperada la democracia, vuelve a escribir en Mundo Obrero y promueve, tras la muerte de La Pasionaria, la Fundación Dolores Ibárruri, de la que fue presidenta hasta que la muerte la sorprendió en Segovia el 19 de agosto de 1999.
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Ramón Martín





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