Rogier Van der Weyden

 


Nacido en Tournai, hacia 1399/ 1400. Su nombre debía ser Rogier de la Pasture, siendo su padre, Henri de la Pasture, cuchillero. En 1427 entra como aprendiz en el taller de Robert Campin y lo abandona reconocido como «Maistre Rogier» en 1432. Pero estos datos se han puesto en duda, pues al ingresar en el taller de Robert Campin, estaba casado y quizás le había nacido su primer hijo. En 1423 entre los oficios se estableció la norma de que, cualquiera que quisiera obtener su maestría, debía pasar por un aprendizaje de cuatro años junto a un maestro. Se dice que en 1426, Weyden no estaba en Tournai, sino en Bruselas.

    Su mujer, Isabel Goffaert, es hija de un zapatero de esta ciudad, y aunque no existe ninguna noticia entre 1432 y 1435, es muy probable que residiera en Lovaina. El Gremio de Ballesteros de esta ciudad le encarga El Descendimiento —expuesto en El Prado—, hacia 1434-1435 para la iglesia de Nuestra Señora Extramuros. El 21 de abril de 1435 se instala en Bruselas con su mujer y sus dos hijos, y en marzo del año siguiente, es ya pintor oficial de la villa, aunque su cargo es personal y se extinguirá con su muerte. Es entonces cuando cambia su nombre francés «de la Pasture» por «van der Weyden», lo flamenquiza, y se establece en una casa cerca del barrio de los orfebres.

    Entre 1439 y 1441 realiza una de las obras que le darán más fama, Justicias de Herkenbald y de Trajano, por desgracia quemada en un incendio del Ayuntamiento de 1695, de la que se conserva un recuerdo, no una copia, en una tapicería de Berna. Es el segundo ejemplo en el ámbito flamenco, el primero es Juicio Final, de Diest, en 1420, una pintura ejemplar de justicia destinada a un ayuntamiento. En 1439, el duque Felipe el Bueno le encarga la policromía de la tumba de María de Evreux, mujer de Juan III, duque de Brabante, y de su hija María; en 1441 la pintura de un dragón, para la procesión del «Grand Tour» en honor a santa ­Gertrudis de Nivelles. Recibió encargos de la casa ducal, en especial, retratos, además de los mencionados.

    En estos años llevará a ca­bo el Tríptico de Miraflores, en el Staatliche Museen de Berlín, que el rey Juan II de Castilla regala en 1445 a la Cartuja de Miraflores (Burgos) recién fundada. Por lo que ya sabemos que, es un pintor cuyo prestigio ha traspasado las fronteras de su ­país. En 1450 viaja a Italia para ganar el jubileo ­romano. Aunque debió pasar un tiempo allí, el Renacimiento reciente no le impresiona, si bien en algunas de sus pinturas acusa algunas novedades en cuanto a su composición. En 1448 su hijo Cornelio ­entra en la cartuja de Scheut y él regala La Cruci­fixión de El Escorial, que la cartuja la venderá en 1555, recibiendo a cambio una copia. En 1460, Bianca Maria Sforza envía a su pintor Zanetto Bugatto a Bruselas junto a Weyden, el cual regresa tres años después y la duquesa le envía a Rogier, una carta de agradecimiento. Es un ejemplo excepcional, de un italiano ya formado que viaja a Flandes para cambiar su estilo, y una señal de hasta qué punto Weyden era un artista muy reconocido.

    En 1462, el matrimonio Weyden, entran en la cofradía de la Santa Cruz, una élite, en la que se agrupan las personas más significativas de la sociedad de Bruselas. En la capilla Saint-Jaques-sur-Coudenberg, relacionada con ella, se celebrarán misas por su memoria.

    Muere en 1464, como indican los documentos de la corporación de pintores de Tournai, donde aún se le dice nativo de Tournai y se le llama Roger de la Pasture.

    Weyden hereda el sentido plástico de las formas de su maestro Robert Campin, realizando un arte de notable expresividad emotiva, lejos del lenguaje conceptual de Jan van Eyck, que enlaza con la mentalidad de la llamada «Devotio moderna». Sus composiciones calan en la sensibilidad de las clases altas y de la burguesía en general. Por ello se copian e imitan durante muchos años. Virgen con el Niño, un legado Fernández Durán, expuesto en el museo de El Prado, es uno de estos iconos creados por él y utilizados por maestros flamencos, primero, y luego castellanos. Fue notable retratista, aunque menos objetivo que Van Eyck. Es interesante comparar la imagen de Nicolás Rolin que deja cada uno. El de Weyden forma parte de su obra más extensa, el Políptico del Juicio Final para el hospital de Beaune, fundado por el mismo Rolin, donde se manifiesta con claridad la colaboración del taller. Algunas de sus obras más emblemáticas han causado más de una sorpresa cuando se han examinado con las técnicas modernas de reflectografía 

Ramón Martín

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